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NIÑOS Y PERROS


Como padres nos preocupamos por la seguridad de nuestros hijos, y el hecho de que el perro no se muestre respetuoso y cuidadoso con ellos ha sido motivo en más de una ocasión de que éste acabe en un centro de acogida de animales. Muchos estudios corroboran los beneficios tanto físicos como emocionales que la compañía de un perro aporta a un niño para su futura vida en sociedad, pero siempre que la relación esté correctamente orientada y supervisada. Así, es de suma importancia prevenir las situaciones que puedan derivar en una conducta inadecuada del perro hacia el niño y viceversa, ya que traer un can a nuestro hogar conlleva comprometerse a cubrir las necesidades diarias del mismo y a ser los guías de la relación entre el perro y nuestro hijo. Son muchos y graves los daños que se pueden causar por desatender esta relación y descuidar las necesidades diarias de nuestro perro.

A este respecto, es importante determinar cuáles van a ser las normas que el perro deberá respetar para que entienda el rol que el niño tiene dentro del grupo. El perro no debe mostrarse excitado en presencia de los niños, de esta manera evitaremos accidentes tales como que se abalance sobre ellos para jugar y los tire al suelo, y además debe respetar su espacio y mostrarse sumiso y tranquilo.
Por otro lado, cuando hay niños en casa es cuando toma mayor importancia asegurarse de cubrir las necesidades diarias de ejercicio, disciplina y cariño de nuestro compañero canino para que pueda mostrarse tranquilo y equilibrado en todo momento. Así, debemos sacar al perro diariamente a dar un paseo estructurado de al menos una hora, proporcionarle normas claras, alimento diario, atención veterinaria,… es decir, ser un buen líder para el perro los 365 días del año.

Del mismo modo que el perro debe tener unas normas de comportamiento con respecto al bebé o al niño, debemos tener en cuenta que esta relación debe ser recíproca. No debemos permitir que nuestro hijo, por pequeño que sea, se comporte de manera irrespetuosa con el perro gritándole, tirándole del pelo, orejas o cola, molestándole mientras duerme o come,… Y jamás deben quedarse solos sin la supervisión de un adulto.
Debemos enseñar a nuestro hijo desde el primer día a ser un buen líder. Es decir, a ser ecuánime, tranquilo y firme. Es obvio que los niños pequeños no comprenderán un discurso sobre el liderazgo o la actitud adecuada, pero son capaces de captar y reaccionar al estado de ánimo de sus padres en las distintas situaciones, por lo que ya desde bebés podemos enseñarles cuál es el estado de ánimo adecuado al interactuar con nuestro perro. Con el tiempo, el niño imitará la forma de actuar de sus padres y eso creará un lazo de unión con el perro muy beneficioso para su desarrollo psicoemocional.

También es importante que los niños aprendan a comportarse no sólo con los perros miembros de su manada, sino también con perros desconocidos. Si por ejemplo nos cruzamos con un perro por la calle, independientemente de si está atado o suelto y si su propietario está cerca o lejos, no deben mirarle, tocarle o hablarle, de esta manera evitarán posibles situaciones en las que algunos perros se sienten amenazados y pueden reaccionar con agresividad. El niño jamás debe correr o gritar porque puede ser un estímulo para que el perro le persiga y muerda debido al instinto de cazador que posee la especie, cuando de otra manera lo más probable es que el perro no muestre el más mínimo interés.
En el caso de querer acercarse para interactuar con un perro, antes deben preguntar al propietario. Si éste accede, es conveniente que el niño se coloque en el lateral del perro, de lado y sin mirarle, nunca de frente. Permitir que el perro lo huela, y luego tocar de forma suave y firme al perro. Si vemos que el perro se siente incómodo, deben ser respetuosos y apartarse.

Hay que tener muy presente, que el comportamiento del perro es un reflejo del estado de ánimo de sus propietarios, tanto para las malas conductas como para la corrección de las mismas. Por tanto, siempre que la conducta del perro no sea la esperada, debemos hacer una reflexión personal y preguntarnos si le dedicamos la atención necesaria: ¿soy constante y disciplinado en el cumplimiento de las normas?, ¿dedico el tiempo necesario a cubrir sus necesidades diarias?,…, y si aun así siente que no tiene las herramientas suficientes para gestionar el comportamiento de su compañero canino, no dude en buscar el asesoramiento de un profesional en conducta canina.


Neus Alcoverro Giner
Etóloga y adiestradora canina


Referencias:

Faculty of Education, Monash University, Australia. Neville J. Kinga, Viv Clowes-Hollinsb and Thomas H. Ollendickc. "The etiology of childhood dog phobia". 1996.

Bryant, Brenda K."The Richness of the Child-Pet Relationship: A Consideration of Both Benefits and Costs of Pets to Children". 1990.

William G. Winkler (Center for Disease Control). "Human Deaths Induced by Dog Bites, United States, 1974-75". 1977.
Animal Pathology Department, Faculty of Veterinary, University of Zaragoza. Belén Rosado, Sylvia García-Belenguer, Marta León, Jorge Palacio. "A comprehensive study of dog bites in Spain, 1995-2004". 2008.

School of Psychology, The University of Birmingham. S. Doogan and G.V. Thomas. "Origins of fear of dogs in adults and children: The role of conditioning processes and prior familiarity with dogs". 1991.


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